El difícil oficio de ser Obispo
A propósito de las reacciones por la Nota de la Conferencia
Episcopal Española ante las Elecciones Generales de
2008
En
el derecho de la Iglesia Católica,
cuando un sacerdote acepta su designación
como Obispo asume graves obligaciones y responsabilidades.
Debe mostrarse solícito con los fieles
católicos que se le confían, preocuparse
de las obras de caridad en su diócesis,
ha de fomentar las vocaciones sacerdotales y
religiosas, ha de promover la santidad de todos
los fieles, etc. También comporta un conjunto
de renuncias que el nuevo Obispo asume voluntariamente:
en la ceremonia de ordenación episcopal
se le pide al candidato que se consagre hasta
la muerte al ministerio episcopal. El candidato
a Obispo anteriormente renunció a formar
una familia o a ejercer otra profesión
distinta mejor remunerada, se comprometió a
vivir con pobreza ejemplar, etc.
Pero entre las obligaciones
que un Obispo libremente asume no está la de renunciar ante la
sociedad civil a expresar su opinión en
los asuntos de interés público.
Ni el derecho de la Iglesia le impone esa obligación,
ni mucho menos el ordenamiento civil.
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| Concatedral de Guadalajara (España) |
Viene a cuento esta cuestión con motivo
de la celebración litúrgica en
la Plaza de Colón de Madrid el 30 de diciembre
y posteriormente a raíz de la Nota publicada
por la Comisión Permanente de la Conferencia
Episcopal Española el 30 de enero ante
las próximas Elecciones Generales. En
ambos casos se han levantado muchas voces protestando
por lo que consideran una ilegítima intromisión
de los Obispos en asuntos políticos.
Opino que en ambos casos
los Obispos no han hablado de política. Pero si así hubiera
ocurrido, ¿cómo puede haber alguien
que les critique por ello? En un Estado de derecho
se debe garantizar a todos los ciudadanos el
derecho a la libertad de expresión (art.
20, 1, a, de la Constitución Española).
Sería una grave intolerancia que los poderes
públicos no garantizaran este derecho
a unos ciudadanos por el mero hecho de que estos
ciudadanos usan báculo y mitra. Sin embargo,
observamos que estos días ante un ejercicio
de la libertad de expresión de los obispos
ha habido amenazas (como “tomar un caldito
con el nuncio” o “denunciar los acuerdos
Iglesia Estado”), insultos (algún
ministro ha llamado “integristas” y “fanáticos” a
los obispos, otros políticos les han llamado “hipócritas”,
un diputado afirmó que son el “brazo
armado” de otro partido político)
o faltas de respeto evidentes (considerando “actitud
belicosa” a la nota del episcopado). Incluso
se ha llegado a amenazar con la limitación
del ejercicio de la libertad religiosa (se ha
pedido “disolver esa cosa llamada Conferencia
Episcopal” o prohibir las Misas el 8 y
9 de marzo; en este último caso era tan
evidente que la petición es contraria
a los derechos humanos más elementales,
que el interesado debió matizar su postura).
En un Estado plural nadie
está obligado
a pensar del mismo modo que los Obispos. Y en
una sociedad respetuosa y tolerante se debe garantizar
a los Obispos y a cualquier otro ciudadano la
libertad de opinar y expresar su opinión.
Lo que no se puede admitir es que se reaccione
con insultos y amenazas a unos ciudadanos porque
ejercen su derecho a opinar, sean estos Obispos
o tengan otra profesión. Poco aprecio
por la tolerancia demuestran quienes insultan
o amenazan a los Obispos por el mero hecho de
hablar.
En un Estado plural se
escucha a los demás,
y quien no esté de acuerdo con las apreciaciones
de otro responde con argumentos, no con insultos
o amenazas. Pero se respeta su derecho a hablar.
Los ciudadanos católicos irán
a las urnas el próximo 9 de marzo en igualdad
de condiciones que los demás ciudadanos.
En el momento de decidir su voto, los que lo
estimen conveniente habrán tenido en cuenta
las indicaciones de la nota de los Obispos. En
una sociedad democrática nadie podrá criticarles
por ello: los votantes son libres de leer los
documentos de los Obispos o de quien quieran
para tomar la decisión de su voto.
Pero como ya indiqué, pienso que los
Obispos no han hablado de política. Estos
días otros ciudadanos han pedido el voto
para los colores políticos de sus preferencias:
así, Mansur Escudero, presidente de la
Junta Islámica, ha reclamado a los ciudadanos
que voten «a partidos progresistas, porque
defienden mejor un Estado auténticamente
laico». También varios artistas
han formado la plataforma PAZ (Plataforma de
Apoyo a Zapatero). Comparemos estas manifestaciones
con la indicación más controvertida
que han aprobado los Obispos: «una sociedad
que quiera ser libre y justa no puede reconocer
explícita ni implícitamente a una
organización terrorista como representante
político de ningún sector de la
población, ni puede tenerla como interlocutor
político» (Nota, n. 8). Cualquiera
puede leer la Nota y comprobará que no
entra a juzgar los diferentes partidos políticos.
Sorprendentemente quienes han criticado a los
Obispos han callado ante las recomendaciones
de Escudero o esos artistas que suponen una incursión
bastante más explícita en el terreno
político.
Estemos de acuerdo con
los Obispos o no, felicitémosles:
han sido valientes para expresar su opinión.
Su actitud demuestra una independencia de criterio
que siempre beneficia a la sociedad.
Pedro María Reyes Vizcaíno
Artículo publcado en La Crónica Digital de Guadalajara
y otros medios
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