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Cortinas
de humo en la definición de
familia “tradicional”
A propósito de la Misa con las familias cristianas
en Madrid
el
30 de diciembre de 2007
Autor: Pedro
María Reyes Vizcaíno
Editor de Iuscanonicum.org
Recientemente
nos hemos podido sorprender con las declaraciones
que Jaime Giménez Arbe,
apodado El Solitario, que fue el hombre
más buscado de España hasta que
fue detenido el 23 de julio del año pasado
en Figueira da Foz (Portugal) ha efectuado al
diario El Mundo. Justifica sus presuntos delitos
porque se alzó en armas contra la
banca. Afirma que “yo no considero
asaltar un banco un delito, sino algo así como
un mero acto de expropiación. Así como
la legítima defensa, ante el robo organizado
y la explotación por parte del tándem
políticos/banqueros” (entrevista
en El Mundo, Madrid, 30 de diciembre de 2007).
Naturalmente en la entrevista -en la que admite
que robó- no explica por qué no
repartió el botín entre los pobres,
ni por qué usaba el dinero para llevar
un ritmo de vida elevadísimo. Juzgue el
lector si es creíble que una persona que
presuntamente efectuó más de treinta
atracos por valor de varios millones de euros
y supuestamente mató a tres personas,
además de varios delitos de lesiones (en
Sarriá, Lugo, presuntamente disparó a
la pierna al empleado de la entidad porque en
el banco solo había 835 euros) tenía
motivos altruistas y de liberación de
la tiranía de siniestros poderes. Parece
claro que sus declaraciones pretenden desviar
la atención de los delitos tan graves
que se le imputan intentando de paso crear compasión
hacia él.
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| Campana en una iglesia rural |
Sin embargo, no es la única noticia reciente
en la que se intenta poner una pantalla para
desviar la atención de problemas reales.
Hace unos días vimos a una multitud (más
de un millón de personas según
la Comunidad de Madrid, más de dos millones
según los organizadores) que salían
a la calle para una Misa convocada por el Arzobispado
de Madrid. En ella se dijo que la familia está siendo
gravemente atacada. Parece que esa enorme multitud
estaba de acuerdo con la apreciación de
los oradores, porque aplaudieron a rabiar al
oír estas palabras.
Pero intuimos que los responsables
de que se haya llegado a esta situación
han actuado igual que El Solitario en su entrevista,
poniendo una cortina de humo y esperando que
algunos incautamente se compadezcan de los furibundos
ataques que les dirige una Iglesia reaccionaria
y trabucaire.
Al atacar a la Iglesia
omiten entrar en el análisis
del fondo de la cuestión. En realidad
ningún Parlamento tiene poder absoluto
para legislar. Las leyes tienen límites,
y son los que se corresponden con la realidad
de las cosas, o dicho de otro modo, con las leyes
naturales. Los Parlamentos por lo tanto han de
reconocer que tienen límites en su actividad.
No son poderes absolutos. A ningún Parlamento
se le ocurriría declarar derogada la Ley
de la Gravedad o prohibir que los objetos caigan
al suelo. Si algún Parlamento promulgara
semejante norma, se revolvería en su tumba
Isaac Newton, el científico que formuló las
leyes gravitatorias en 1685 después de
observar una manzana que caía del árbol
al suelo. Del mismo modo, un Parlamento no puede
cambiar la naturaleza de la familia. Está fuera
de su competencia decidir qué es familia
y qué no lo es. Los Parlamentos han de
reconocer la naturaleza de las cosas; por mucho
que se empeñe un Parlamento, no puede
modificar las leyes de la naturaleza. Si lo hiciera
se extralimitaría, tanto si intentara
modificar la ley de la gravedad como la naturaleza
de la familia.
Si las Cortes aprobaran
una norma derogando la Ley de la Gravedad,
seguramente las más
prestigiosas sociedades científicas se
quejarían. Decir -en este supuesto- que
las sociedades científicas hacen política
es tomar el rábano por las hojas: quien
se ha extralimitado es el Parlamento. Igualmente
ver a más de un millón de personas
(quizá dos millones) debería hacer
reflexionar a los diputados. Debe ser grande
el descontento de las familias para reunir en
una plaza de Madrid a uno de cada cuarenta españoles,
o uno de cada veinte españoles si se aceptan
las estimaciones más optimistas. En cualquier
caso unas cifras abrumadoras.
Es indiferente que esas
personas acudieran a una reunión convocada por el Cardenal
de Madrid: debe ser el único ciudadano
español al que no se le reconoce el derecho
a convocar reuniones. La cuestión de fondo
es que las Cortes Españolas han pretendido
alterar la definición de la familia, para
lo cual no tiene competencias, nadie tiene competencias
para ello. Esto no lo dice solo un eclesiástico,
lo dicen millones de españoles, como hemos
visto estos días.
Que algunos diputados intenten
cerrar sus ojos al clamor de una multitud de
un millón
o dos de personas dice muy poco de la representatividad
que han asumido. Si además desprecian
sus peticiones por el hecho de que fueron convocados
por un Cardenal a una Misa, parece claro que
intentan la misma estratagema que El Solitario en
su entrevista, poner una pantalla delante que
desvíe la atención del problema
de fondo. Esperemos que los diputados entren
en el fondo de la cuestión y reconozcan
que en su labor tienen el límite impuesto
por la naturaleza.
Artículo publicado por Guadalajara
2000
Guadalajara, 21 de enero de 2008
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Ningún
Parlamento tiene poder absoluto para legislar.
Las leyes tienen límites, y son los
que se corresponden con la realidad de las
cosas, o dicho de otro modo, con las leyes
naturales |
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